Durante los estudios de mi postgrado en Sociología realizados en Alemania, aprendí a encontrar material de investigación aún dónde no parecía haberlo para tratar de entender mejor los fenómenos que ocurren dentro de nuestra sociedad, llegó un momento en que trataba de darle una explicación sociológica satisfactoria a cuanto hecho observaba, sin duda sentía pasión por mi carrera, tal vez me fui hasta el extremo pero, en todo caso, esta etapa me sirvió mucho para sensibilizarme y saber detectar cuando un hecho posee realmente connotaciones sociológicas de importancia. Me di cuenta, entre otras cosas que, el fútbol, el deporte del que soy tan fanático no escapa a esta realidad. Empecé a ver el deporte rey como un fenómeno mundial de masas y ya no como simple espectador y hasta analista deportivo. Recuerdo que antes de iniciar el postgrado y ya con mi licenciatura de la facultad de Sociología en mi haber, seguía yendo al estadio a ver los mejores cotejos de la liga española, disfrutaba con los choques entre el Barcelona ay el Real Madrid, también me gustaban los topes entre los madrilistas y el Deportivo
La Coruña, en fin la liga española tiene un buen nivel y casi ningún partido pintaba como mediocre. Me gustaba hacer análisis tácticos de las posiciones de los jugadores dentro del campo de juego y terminaba como un hincha cualquiera arengando a los jugadores, en ese proceso me desentendí de mi fanatismo por un sólo equipo y me hice hincha del fútbol como juego. Quizá ese haya sido el primer paso para empezar a ver el fútbol con otros ojos, menos apasionados, que me permitiesen un análisis sesudo de lo que ocurre en sus cimientos, lo que no se ve a primera vista, y, lo mejor del caso, es que fue un proceso total y absolutamente natural y espontáneo.
El fútbol definitivamente es un fenómeno de masas, otra cosa es que no lo podamos o no lo queramos ver así, eso no le resta su condición de fenómeno social y tampoco quisiera que se me mal interprete, no estoy diciendo que los fanáticos del fútbol como deporte deban abandonar su fanatismo a favor de un análisis frío, pero por otra parte nunca está de más saber qué otras propiedades tiene nuestro objeto de admiración. En primer lugar debemos decir que el fútbol está muy ligado a lo que es el ego de cada persona, quizá un psicólogo sea el más adecuado para adentrarse en este terreno y dar la explicación técnica del caso, pero es obvio que uno siente una identificación especial con el equipo de sus amores y el estado de ánimo de toda una semana puede llegar a depender de lo que haga su equipo en el campo de juego, si gana estamos alegres y tranquilos, hay mejor predisposición para hacer las cosas, por el contrario, si nuestro equipo llega a perder estamos tristes o de mal humor y deseamos fervientemente que la semana se pase rápido para poder “lavarnos la cara” en el siguiente encuentro. Y para rematar este caso debemos decir que estos efectos se elevan a la enésima potencia cuando se gana o se pierde enfrentando al clásico rival, ahí si que cala fuerte el sentimiento y vamos un poco más allá, si nuestro equipo nos pasamos la semana entera y más burlándonos de los hinchas del otro equipo, disfrutamos con su dolor y saboreamos el humillarlos una y otra vez pero si nuestro equipo pierde, preparamos una lista interminable de excusas y enterramos la cabeza como avestruces.
Eso es lo que sucede a nivel individual en cada uno de nosotros, pero si juntamos las partes, veremos que los comportamientos dentro de un estadio se homogenizan y casi todos actuamos de la misma forma sin importar condiciones sociales, económicas o de edad, cuando hay que saltar todos saltamos, cuando hay que aplaudir todos aplaudimos y cuando hay que hacer “olas” todos las hacemos sin importarnos la vergüenza de tener a nuestros hijos al costado mirando como un adulto se comporta sí. Se corean lo “oles” y literalmente se vive el partido, casi se podría decir que somos un jugador más dentro de la cancha, una suerte de caudillo que empuja al equipo. Ni que decir cuando juega la selección de nuestro país, el sentimiento se ve multiplicado y aflora el patriotismo y hasta el nacionalismo. En casa el comportamiento no es muy diferente, las reglas de la casa pueden decir que el comportamiento debe ser mesurado y que las groserías y los improperios no deben estar presentes, pero a la hora de un encuentro de fútbol, esos manuales quedan en el olvido, gritamos lo que haya que gritar, vociferamos contra el árbitro por decidir mal una jugada o descalificamos al entrenador por hacer mal un cambio, es más, nosotros mismos nos convertimos en entrenadores y además de sugerir ciertos movimientos tácticos, arengamos a los jugadores en cada jugada como si fueran a escucharnos y obedecernos. No nos contentamos con que el futbolista profesional haga su trabajo, que siga las indicaciones de su técnico y que espere a que el resultado caiga por su propio peso, no, lo apuramos en cada jugada y no respetamos su profesión, nos inmiscuimos en su trabajo, pero es que eso es lo que representa el fútbol, los intereses de toda una nación, nuestro orgullo patriota. Por ejemplo yo me sentí muy mal en el último mundial realizado en Alemania en 2006 cuando caímos por un contundente 3 a 1 ante la selección francesa, fue una derrota impensada, nosotros veníamos mucho mejor, nos sentíamos imbatibles y pensábamos cortar la mala racha en mundiales, todas las condiciones estaban dadas ya que Francia venía muy mal, apenas y había logrado clasificar a la siguiente fase del certamen pero a la hora del partido nos pasó por encima con un Zidane inspirado y un Ribery con todas las luces prendidas, la verdad es que nos dieron un baile, una clase magistral de fútbol bien jugado pero estas palabras no las pronuncié ni remotamente hasta más de medio año después de haber sido eliminados, el orgullo duele y tarda en sanar.
Finalmente quiero hacer referencia a todo lo concerniente al fútbol como empresa, en efecto, hay una correlación entre el marketing en el fútbol y el fenómeno de masas. Es como un gran círculo vicioso, los mejores torneos del mundo son los que cuentan con la mayor constelación de estrellas del planeta, los Ronaldinho, los Messi, esto a su vez echa a andar la rueda del negocio, estadios llenos, publicidades de marcas deportivas, contratos millonarios por derechos de televisión, partidos de exhibición, giras mundiales, todo un gran negocio que finalmente repercute en el lleno de los estadios y el mayor atractivo para los anunciantes que invierten cifras millonarias en sponsors para los equipos con lo cual los clubes llenan sus arcas y contratan mejores jugadores. Una muestra de esto es la gran presencia que tienen ahora las mujeres en el fútbol y no me refiero a Victoria Beckham o a los campeonatos femeninos de fútbol, sino a la presencia de la mujer en los estadios, un fenómeno social más o menos reciente y que sería materia de otro post por cierto.